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viernes, febrero 22, 2019

Parashat Ki Tisá

Ensamble

En la noche de Iom HaKipurim se acostumbra a leer un misterioso preludio al Kol Nidrei:

"Con la aprobación del Omnipresente, y con la aprobación de la congregación, en la Asamblea celestial y en la asamblea terrena, nos es lícito rezar con los transgresores".

Muchas son las explicaciones que se le han dado a este curioso párrafo. Hay quienes ligan esta invocación a tiempos de la inquisición, en los cuales muchos judíos se vieron obligados a ocultar su origen. Según se cree, los criptojudios organizaban rezos comunales en Iom HaKipurim y por medio de esta invocación pedían a Di-s que sus plegarias sean escuchadas, aun cuando a lo largo del año se vieron obligados a transgredir la ley judía.

Esta explicación es de dudosa veracidad, dado que que esta fórmula aparece por primera vez en un libro de oraciones ashkenazí del siglo 13, previo a la expulsión de los judíos de España. No obstante, el motivo real de este pasaje no es el tema que me compete hoy.

Lo relevante es el mensaje que se desprende de dicho preludio: una congregación religiosa debe tener sus puertas abiertas a todo el pueblo de Israel, sin distinción de clases sociales ni de niveles de observancia.

Esta idea se halla sugerida también en Parashat Ki Tisá.

Entre la diversidad de temas que trae nuestra porción semanal -que incluye el precepto del medio shekel y el legendario relato del becerro de oro- la Torá menciona el precepto del incienso que se ofrecía en el Tabernáculo y, luego, en el Templo de Jerusalem.

Según la tradición talmúdica, el incienso estaba compuesto por once ingredientes diferentes. Diez de las especias, emitían un aroma agradable (se nos enseña que el aroma del incienso llegaba hasta Jericó). Sin embargo, uno de los ingredientes del incienso –el gálbano o Jelbená, en hebreo- emitía un olor diferente y –por cierto- bastante desagradable.

Enseña la Guemará en nombre de Rabí Shimón Jasidá:

"Todo ayuno comunal en el que no toman parte los transgresores de Israel, no es un ayuno (valido), dado que el gálbano emitía mal olor, y (aun así) las Escrituras lo contabilizaron entre los ingredientes del incienso" (Kritut 6b).

A propósito, se cuenta que en una ocasión Rabí Pinjás HaLeví Hurvitz convocó un minián en su casa. Al momento de completarse el quorum de congregantes, Rabí Pinjás notó que entre los asistentes, había uno que no contaba con la mejor de las reputaciones. Salió, pues, a la calle a buscar una nueva persona para el minián.

El hombre –¡transgresor pero ilustrado!- se acercó a Rabí Pinjás y le dijo: "Dígame Rabino: ¿Acaso no leémos en el Talmud que el gálbano también formaba parte del incienso?".

"Estás en lo cierto", asintió el Rabino sonriendo. "¡Justamente por ello los ingredientes del incienso son once!".

El Rab Kuk, solía decir que así como el vino no puede existir sin sedimentos, tampoco el mundo puede existir sin transgresores. Y si nos dejamos guíar por la sabiduría del hebreo, veremos que el vocablo TZiBUR (Congregación) está compuesto por las iniciales de las palabras TZadikim (Justos), Beinoniim (hombres comunes), y Reshaim (malvados). Dichas tres iniciales están ligadas por la letra vav, dando la pauta de que toda congregación debe es heterogénea en su esencia.

Éste es, de hecho, un motivo recurrente en la tradición judía. Las aravot también se contabilizan entre las cuatro especies de la festividad de Sukot, aun cuando no cuentan ni con aroma ni con sabor. También el hijo malvado se sienta con nosotros año trás año en la mesa del Seder

La Torá enseña que todo componente del pueblo de Israel resulta indispensable. Y posiblemente, éste sea uno de los mensajes más poderosos que enseñan todas las secciones de la Torá que tratan acerca de la construcción del Mishkán y de sus utensilios.

En la base de todas estas Parashiot, se encuentra el mismo mensaje: el ensamble. De éso se tratan todas estas secciones. Maderas, lanas y piedras preciosas se ensamblan para dar forma al Mishkán y a sus utensilios. Especies e hierbas específicas se ensamblan y resultan en incienso o en el mismo aceite de la unción. 

Es por éso que cada ingrediente –enseña la Torá- resulta indispensable. De otra manera, el ensamble es incompleto.

Así ocurre también con la congregación de Israel. Tal como enseñara alguna vez el Rabino Harold Kushner: Una congregación que reciba solamente santos, sería equiparable a un hospital que reciba sólo gente sana.


viernes, febrero 08, 2019

Parashat Trumá

La mesa del hogar judío 

En Parashat Trumá, comenzaremos a leer acerca de la construcción del Tabernáculo (mishkán) y la elaboración de sus utensilios.

Ya habíamos leído hacia el final de Parashat Itró respecto al altar (mizveaj):

"Y si altar de piedra hicieres para mí, no las labrarás, porque tu cincel alzarías sobre ellas y las profanarías" (Shemot 20, 25).

Por lo pronto, resulta extraño que en la descripción de nuestra Parashá no se nos hable de un altar de piedra sino de un altar de madera recubierto de cobre (ver Shemot 27, 1-8).

Por lo visto, este altar estaba rellenado con tierra y –en una época más tardía- con piedras (véase Enciclopedia Mikrait, vol. 4, pag. 773).
 
Este altar de cobre, en tiempos del reinado de Ajaz sobre Iehudá (733 – 727 a.e.c.) fue desplazado hcia el norte del Templo y en su lugar se construyó un altar de piedra (véase Melajim II 16, 14).

En la literatura rabínica –y entre los exégetas bíblicos- existe un paralelismo explícito entre el altar del mishkán y del Templo de Jerusalem y la mesa del hogar judío.

Dice la Mishná que la razón por la cual las piedras del altar no se labran con cincel, es que el hierro está destinado a acortar los días del hombre (dado que con él se fabrican las armas), mientras que el altar, prolonga los días del hombre. No corresponde, pues, alzar el hierro sobre el altar (Mishná Midot 3, 4).

Por la misma razón solemos esconder los cuchillos metálicos durante el recitado del Birkat HaMazón dado que la mesa del hogar judío prolonga los días del hombre, mientras que el cuchillo los acorta (Sefer HaRokeaj 332).

¿De dónde viene este paralelismo entre el altar y la mesa del hogar?

A partir del capítulo 40 del libro de Iejezkel, leemos una extensa profecía en la cual se describe al profeta la naturaleza del futuro Templo junto a sus utensilios y sus medidas.

Al llegar a la descripcion del altar, leemos:

"El altar, de tres codos de altura, y de dos codos de longitud, era de madera, como así también sus ángulos, su superficie y sus muros. Y él me dijo: "Esta es la mesa que está delante del Eterno" (Iejezkel 41, 22).

Como podemos apreciar, el altar es también llamado "mesa" en dicho versículo. Esta curiosidad motivó una célebre conclusión entre nuestros sabios:

"En tiempos del Templo, es el altar quien expía por el hombre. Ahora (que no está el Templo en pie), es la mesa del hombre la que expía por él" (Jaguigá 27a).

El Talmud nos enseña aquí una máxima de profunda belleza.

Desde aquel momento en que el Templo fue destruído, son las buenas obras que practica el hombre las que expían sus trangresiones.

La mesa del hogar judío es el lugar donde sentamos a nuestros invitados y cumplimos con el precepto de Hajnasat Orjim. Es allí donde alimentamos al hambriento. Donde nos alegramos en Shabat y Fiestas. Donde encendemos la llama en las futuras generaciones durante la noche del Seder y la lectura de la Hagadá.

La mesa del hogar judío es la "cocina" de nuestra milenaria cadena de transmisión y buenas obras.

Cuenta el Rab. Isajar Frand que en la antigua Francia, existía una costumbre por la cual se enterraba a los muertos en ataúdes elaborados con la madera de la mesa del difunto. Esto enseñaba que nada podía llevarse el hombre de este mundo, a excepción de las buenas obras y la merced que practicó sobre su mesa.

Imaginémonos, dice el Rabino Frand, a aquellos hombres que acompañaban al difunto en su último viaje y veían a este envuelto por aquella vieja mesa sobre la que  cantó, leyó la Hagadá y sobre la cual comieron sus invitados.

¿Cuál es el mensaje aquí?

Por lo visto es aquel que nos da Rabí Iosi ben Kisma hacia el final de Pirkei Avot (6, 9):

Dijo Rabí Iosi Ben Kisma: cierta vez marchaba yo por el camino y se encontró conmigo un hombre, y me dio la paz, y le regresé la paz.
Me dijo: “Rabí, ¿de dónde eres?”.
 Le dije: “De una ciudad grande en sabios y escribas soy”.
Me dijo: “Rabí, que sea tu voluntad que more con nosotros en nuestro lugar, y yo te daré mil millares de dinares de oro, piedras preciosas y perlas”.
Le dije: “Aun si me dieses toda la plata y el oro, las piedras preciosas y las perlas del mundo, no moraría sino en un lugar de Torá”.
Pues así hallamos en el libro de Tehilim de David, rey de Israel: “Mejor es para mí la
Torá de Tu boca que miles en oro y plata” (Tehilim 119:72).
Y no solo ello, sino que a la hora del licenciamiento del hombre del mundo no lo acompaña ni la plata, ni el oro, ni las piedras preciosas, ni las perlas, sino la Torá y las
buenas obras. 


domingo, enero 13, 2019

Parashat BeShalaj

Insatisfacción

En nuestra Parashá, los hijos de Israel cruzarán las aguas del Iam Suf y elevarán sus voces en canto prometiendo fidelidad eterna a Di-s y a Su proyecto celestial.

"Éste es mi Di-s y lo glorificaré, Di-s de mi padre y lo enalteceré" (Shemot 15, 2). "El Eterno reinará para siempre y siempre", dirán en su hora de mayor devoción.

Sin embargo, al cabo de pocos días, no sólo el mar quedó detrás sino también la fe y la devoción. Los hijos de Israel caminan por el desierto de Sin y están hambrientos y sedientos. Díficil mantener la fé cuando el estómago hace ruido...

A partir de ése punto -y hasta la muerte de Moshé, Aharón y Miriam- nada habría de faltar a los hijos de Israel. Ni comida, ni bebida, ni protección contra enemigos y las inclemencias del desierto.

Enseñan nuestros Sabios de bendita memoria:

"Tres grandes sostenes tuvo Israel (en el desierto): Moshé, Aharón y Miriam. Y tres buenos regalos fueron entregados a través suyo, y éstos son: El pozo (de agua que acompañó a los hijos de Israel durante la travesía del desierto), la nube y el mán. El pozo, por mérito de Miriam, la columna de nube, por mérito de Aharón, y el mán, por mérito de Moshé" (Taanit 9a)

Los Sabios del Talmud describen una situación prácticamente ideal en la cual el Soberano del mundo es al mismo tiempo –a través de Sus tres emisarios- Ministro de Economía, Ministro de Defensa y Ministro de Bienestar Social.

No hay necesidad de trabajar, ni de arar el campo, ni de sembrar ni de cosechar. El Santo Bendito sabe que no conviene hacer ingresar a los hijos de Israel a la Tierra por el camino corto:

"Y fue al enviar el faraón al pueblo, y no lo condujo el Eterno por el camino de la tierra de los filisteos, que próxima ella era...E hizo Di-s circuir al pueblo el camino del desierto" (Shemot 13, 17).

Dijo el Santo Bendito: "Si los hago ir por el camino sencillo, inmediatamente cada uno tomará posesión de un campo o una viña y olvidarán la Torá. Los haré ir por el camino del desierto y comerán del mán y tomarán las aguas del pozo y la Torá se asentará en sus cuerpos (Tanjuma Buber, BeShalaj 1).

Y a pesar de todo ello, la generación del desierto constituye el arquetipo de la insastifacción. Una experiencia espiritual de cuarenta años no logró pulir las almas de aquella generación. Y ésto es sumamente interesante, sobre todo si  analizamos el hecho a la luz de que nada les faltaba.

Y la pregunta que me formulo es si nosotros somos tan diferentes.

Permítanme compartir un mensaje que recibí hace unos pocos días (lamenteblemente no podré acelerar la redención y traer la fuente en nombre de su autor, ya que lo desconozco).

Si pudiéramos viajar en el tiempo y contar a nuestros ancestros –ésos que vivieron hace cientos de años- que un día no se habrá de extraer agua de los pozos, ya que tendremos grifos incrustados en las paredes, seguramente encojerían sus hombros de incredulidad.

Más aun lo harán cuando les contemos que en nuestros días no es necesario encender el horno a leñas, ya que existen las hornallas, los hornos eléctricos y los microndas. Tampoco es necesario llevar la ropa sucia al rio, porque en toda casa hay un lavarropas, y una secarropa, y plancha, y además heladera y freezer.

¿Y qué no tenemos?

En este punto nuestro ancestro nos miraría incrédulo y nos diría: "Cuando el mashiaj venga, tal vez todo ello sea posible...".

Pero aun no terminamos. Todavía nos falto contarle que tenemos bombillas eléctricas, ventiladores y aires acondicionados. Relojes de mano, lapiceras a fuente, libros de todo color, forma y contenido en cada casa, computadoras y calculadoras. Y entonces agregaremos: "Pero sabes abuelo...aun así la gente no está satisfecha". Es ahí que nuestro ancestro levantará las cejas y nos dira: "¡¡¿¿No están satisfechos??!!". 

Entonces le diremos: "Así es...no están safisfechos. Viajan largas distancias en  cómodos trenes y micros, se comunican con el otro lado del mundo con teléfonos  celulares, envían e-mails con sólo apretar un botón, y aún así están amargados y estresados".

Allí reaccionará el abuelo con asombro exacerbado: "¡¡¿¿Viven en el gan eden, y encima se quejan??!!".

...

En Sudamérica se suele decir con cinismo: "El dinero no hace la felicidad...¡¡la compra hecha!!".

La Torá demuestra en nuestra Parashá que este "proverbio" poco tiene que ver con la realidad: El sentimiento de satisfacción, plenitud y alegría es algo tan complejo, que el dinero no forma parte de él. La abundancia no genera felicidad. Cuando de satisafacción se trata, la clave –evidentemente- se encuentra en otro lado.

domingo, enero 06, 2019

Parashat Bo

¡Es una plaga, estúpidos!

Así como los franceses adoran el vino, los italianos la pizza y los argentinos la carne asada, nos cuenta el Midrash (Shemot Rabá 13) que los egipcios hubieran dado la vida por un buen plato de langostas. Es por éso que los egipcios saltaron de algarabía con la llegada de la octava plaga.

Dijo Rabí Iojanán: Dado que vino la langosta, los egipcios se alegraron. Dijeron: ¡Juntémoslas y llenemos barriles! Les dijo el Santo Bendito: "¡Malvados! ¡¿Se alegran con la plaga que traje sobre ustedes?! Enseguida: "Y cambió el Eterno un viento occidental muy fuerte, y llevó la langosta, y echóla al Iam Suf; no quedó una langosta en todo el límite de Egipto" (Shemot 10, 19).

Nos cuentan nuestros Sabios que incluso aquella langosta que ya estaba frita y salada en la mesa de los egipcios, desaparecio milagrosamente de los límites del país. 

¿Qué vienen a enseñarnos JaZaL por medio de este Midrash?

Permítanme que no me exprese con la elegancia de nuestros Sabios. El Midrash nos dice que una voz sacudió a los egipcios desde el Cielo diciéndoles: "¡Es una plaga, estúpidos!". Pocas cosas son más patéticas que ver un hombre interpretando una desgracia como si fuera un regalo celestial.

Les propongo dos ejemplos.

Un joven escucha en el noticiero de la noche el anuncio de una huelga docente por tiempo indeterminado. Su inmediata rección será saltar del sillón de algarabía. La combinación de los vocablos "Huelga", "Docentes" y "Tiempo indeterminado" son un cocktail al que muy pocos jóvenes se pueden resistir.

El joven en cuestión comenzará a juntar en barriles todas aquellas horas en las que podrá pasarse en la cama, actualizando su perfil del Facebook o intercambiando experiencias en el WhatsApp hasta que le salgan callos en los dedos.

Sin embargo, luego de "invernar" en su cuarto por largas jornadas, se verá sacudido por una nueva voz en el televisor: "A causa de la huelga docente, el Ministerio de Educación analiza la posibilidad de recortar por dos semanas las vacaciones de verano". En ese momento comprende que aquel "regalo" que le fuera conferido, tal vez termine volviéndose en una desgracia. Si es lo suficientemente inteligente, también entenderá que ningún estudiante realmente se beneficia de una huelga docente por tiempo indeterminado.

Otro ejemplo se vincula con lo que se da a conocer cono el "Efecto invernadero".

Durante mucho años los países industrializados –y en particular ciertas industrias- se alegraron por el crecimiento de su economía y de su patrimonio. Llenaron barriles y bolsillos con el rédito de sus acciones, aun cuando éste venía a cuenta de un inestimable daño ambiental.

Les tomó años comprender que estaban generando una "plaga" que se iba a cernir amenazante sobre sus cabezas. Hasta que una mañana, alguien les abrió los ojos: "¡Es una plaga, estúpidos!", también escucharon decir.

Ése fue exactamente el caso de los egipcios.

Los campos quedaron devastados. Un año de trabajo quedó arruinado en cuestión de horas...¡y ellos saltaban de alegría pensando en el banquete de insectos!

Ese es el peligro más grande de pensar en tiempo presente.

domingo, diciembre 30, 2018

Parashat VaErá

Una mirada distinta

"Yo soy el Eterno; y os sacaré de bajo de los trabajos forzados de Egipto, y os salvaré de su servicio, y os redimiré con brazo tendido y con juicios y grandes castigos. Y os tomaré por mi pueblo, y seré para vosotros, Di-s" (Shemot 6:6-7).


Al inicio de Parashat VaErá, Dios presenta su promesa hacia los hijos de Israel sumidos en la esclavitud. El Talmud vincula estas cuatro promesas (Arvaá Leshonot shel Gueulá) con las cuatro copas que bebemos en la noche del Seder de Pesaj (TJ Pesajim 10, 1).

Ocurre algo sumamente interesante con este particular precepto. Un conocido principio halájico, afirma que las mujeres están eximididas de aquellos preceptos que solo pueden cumplirse en el marco de un tiempo determinado (mitzvot asé shehazman graman). No obstante, ésto no es aplicable a las cuatro copas que rememoran la salida de Egipto. La razón de esta excepción –afirma el Talmud- es que las mujeres fueron parte de aquel milagro (Pesajim 108a).

La mujeres fueron un factor clave de la redención de los hijos de Israel de la esclavitud. Ya afirman nuestros sabios que "por mérito de las mujeres virtusas fueron redimidos nuestros antepasados de Egipto" (Ialkut Shimoni, Salmo 68). Y el liderazgo femenino de aquella generación estuvo en manos de Miriam, hermana mayor de Moshé.

Nos cuenta el Midrash que Miriam, desde pequeña, supo aportar una mirada distinta ante la desazón de los hijos de Israel. Amram, su padre, era un hombre importante en su generación y cuando escuchó que los hijos varones debían ser arrojados al río Nilo (Shemot 1:22), perdió el deseo de traer nueva vida al mundo y decidió dar el divorcio a su mujer. El Talmud nos cuenta, que todos los hombres de su generación siguieron su ejemplo y divorciaron a sus mujeres.

Le dijo Miriam a su padre: ‘Tu decreto es más duro que el del faraón, ya que el faraón no decretó sino sobre los hijos varones y tú has decretado sobre los varones y sobre las mujeres; el faraón no decretó sino respecto a este mundo, y tú has decretado respecto a este mundo y respecto al mundo venidero; el faraón es un malvado, y tal vez su decreto se cumpla, tal vez no se cumpla; tú -que eres justo- de seguro se cumplirá tu decreto. Amrám se levantó entonces e hizo retornar a su esposa. Todos los hombres de su generación hicieron lo mismo (Sotá 12a).

¿Qué viene a enseñarnos este Midrash?

Posiblemente sea una muestra más de la actitud de Israel en tiempos de crisis y desesperanza. Quienes analizan livianamente el fenómeno del terrorismo palestino, afirman -de manera casi axiomática- que un pueblo sumido en la desesperanza caerá en la "tentación" de recurrir al terror. Los sabios de Israel aportan aquí un nuevo ejemplo -uno más entre cientos- que dicha aseveración es falsa. Miriam no sólo que no convirtió la desazón en terror, sino que la transformó en vida.

Moshé fue hijo de Amram e Iojeved. Pero nadie se equivocaría al decir que vio la luz del mundo gracias a su hermana. Como prólogo al nacimiento de Moshé, nos cuenta la Torá que "fue un varón de la casa de Leví, y tomó (por mujer) una hija de Leví" (Shemot 2, 1) "¿Adónde fue?", se pregnta el Talmud. Dice Rabí Iehudá hijo de Zvina: "Fue trás el consejo de su hija" (Sotá, ibid). A muy temprana edad, Miriam supo hacer entender a su padre que su elección era errada y sólo haría potenciar la desazón.

El pueblo judío se ha caído mil veces y otras mil se ha vuelto a levantar. Muchas veces lo hemos hecho desde la ruinas, allí donde otros hubieran caído en el más profundo de los abismos. Supimos analizar los hechos, hacer un examen de conciencia, enmendar errores y transformar las crisis en oportunidades. Tal vez sea por eso que nadie ha podido aun vencer nuestro espíritu. Hace casi dos mil años que el Templo de Jerusalem fue destruído, y aun hoy -dos mil años después- nos seguimos preguntando en qué nos habremos equivocado.

Aun esperamos que nuestros vecinos -ante sus propias crisis- comiencen a formularse preguntas similares...


domingo, diciembre 16, 2018

Parashat VaIejí

Dos mujeres

La muerte de nuestra matriarca Leá, resulta ser uno de los grandes misterios de Sefer Bereshit.


La Torá no nos detalla lo que ocurrió al momento de su fallecimiento ni tampoco sabemos que es lo que sintió Iaakov a la hora de su muerte ni cuál fue el tenor de su funeral.

De hecho, sabemos del fallecimiento de Leá solo a posteriori. En nuestra Parashá, a la hora de su muerte, Iaakov pide a sus hijos ser enterrado en la cueva de Majpelá.

"Allí enterraron a Abraham y a Sará su mujer, allí enterraron a Itzjak y a Rivká su mujer; y allí enterré a Leá" (VaIejí 49, 31).

Llama poderosamente la atención que Iaakov no diga "y allí enterré a Leá mi mujer". Sí dirá que Sará fue "mujer" de su abuelo Abraham. También afirmará que su madre fue "mujer" de su padre. Sin embargo, Leá no es –aparentemente- merecedora de ese título.

¿Qué es lo que está pasando aquí?

La escritora israelí Noia Saguiv, sostiene que desde el momento de la creación de la mujer al inicio de Sefer Bereshit, su primera función fue la de ser pareja de Adam.

"Y dijo el Eterno, Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda para él...Y dijo el hombre: Esta vez es hueso de mis huesos, y carne de mi carne; a esta se llamará mujer (ishá) que del varón (ish) ella fue tomada" (Bereshit 2, 18; 2, 23).

Sólo más tarde, cuando hombre y mujer asimilan su mortalidad, Adam llama a su mujer "Javá", "madre de todo lo viviente (Jai)" (Bereshit 3, 20), haciendo esta vez hincapié -ya no en la "Ishá" -la pareja sexual- sino en "Javá" que es la faceta materna y reproductiva de la mujer.

El midrash y los comentaristas bíblicos nos cuentan que en tiempos del diluvio ambas funciones femeninas estaban claramente divididas en la piel de mujeres diferentes. 

La Torá nos cuenta que Lemej hijo de Metushael tomó dos mujeres, Ada y Tzila (Bereshit 4, 19). Dice el midrash que "los hombres de la generación del diluvio actuaban de este modo: Cada uno de ellos tomaba dos (mujeres), una para la procreación y la otra para el placer sexual" (Bereshit Raba 23:2). 

Si analizamos la dinámica entre Iaakov y sus dos mujeres, veremos que este hábito tuvo también sus "coletazos" en la era post-diluviana. 

Para Iaakov, Lea era tan sólo una procreadora, una "Javá"; su "Ishá" (mujer), era Rajel. 

Sólo hay que leer entrelineas, para confirmar que esto no es una mera presunción. Cuando en Parashat VaIgash se habla acerca de la descendencia de Iaakov, la Torá nos dice: "Estos son los hijos de Leá, que parió para Iaakov en Padam Aram..Hijos de Rajel, mujer de Iaakov, Iosef y Biniamín" (Bereshit 46, 15; 46, 19). La única "mujer" a los ojos de Iaakov fue Rajel. Leá fue para él una mera paridora. Se sentía "odiada" por su marido (Bereshit 30, 33). No era "mujer" de Iaakov sino mas bien hija de Laván. 

Noia Sagiv dice que Iaakov tuvo a su lado una "Javá" y una "Ishá". La Ishá, Rajel, ideal a sus ojos. Aquella por la cual era capaz de volar hasta el cielo para bajar de allí una estrella. La mujer cercana a su corazón pero inalcanzable en la vida, aquella que nunca termina de coresponder a Iaakov por el amor que este siente hacia ella. Tan inalzanzable fue, que será enterrada en el camino, sóla siendo la única de las matriarcas (y también de los patriarcas) que no fuera sepultada en la cueva de Majpelá (Bereshit 35, 19-20) 

La segunda, Leá es la que lleva el auto al taller. La que saca la basura a la mañana. La que se le quema el bizcochuelo en el horno. La que va del trabajo a hacer compras y se le caen las bolsas por el camino. La que se acuerda de todos los cumpleaños y los aniversarios. La que se despierta a la mañana despeinada y sin maquillar. La que prepara la vianda de los hijos antes de salir a la escuela. La que se queda al lado de su esposo por la noche mirando una película y hace fuerza por mantener los ojos abiertos. 

Con esa mujer, la más real de las mujeres, fue Iaakov sepultado finalmente.

domingo, noviembre 25, 2018

Parashat VaIeshev

Hakuna matata

En 1994 los estudios Disney sacaron a la luz el film "El rey león", sin duda alguna uno de sus productos más logrados y afamados.

La película narra la historia de Simba, un cachorro de león heredero del trono en la sabana. Su tío Scar, un ser malvado y despiadado, decide asesinar a Mufasa, el rey - padre de Zimba- y quedarse con el cetro. Scar hace creer a Simba que él ha sido el culpable de la muerte de su padre y éste -presa del miedo- emprende la huída y sale al exilio en búsqueda de un nuevo porvenir.

Allí en el exilio, y luego de conocer a Timon y Pumba, Simba adquiere una nueva filosofía de vida, Hakuna Matata, que en idioma suajili vendría a significar algo así como "No hay problema" o "No te angusties".

Finalmente, y luego de reencontrarse con Nala, una antigua amiga de la infancia, Simba decide regresar a la sabana a fin de recobrar el trono y poner orden en el caos que había causado su tío Scar, usurpador del trono de su padre.

Se suele decir que la película está inspirada en la obra Hamlet de Shakespeare. No obstante, el Rabino Benny Lau hace una formidable comparación entre la historia de Iosef, que comienza en nuestra Parashá, y la célebre película de Disney.

...

En el capítulo 39 del libro de Bereshit, la Torá narra la historia de Iosef y la mujer de Potifar. Luego de haber sido vendido por sus hermanos, Iosef llega a Egipto en donde es vendido como esclavo a Potifar, un encumbrado oficial del faraón. Allí en el exilio, al modo de Simba de "El rey león", Iosef comenzará una nueva etapa lejos de su hogar.

Lentamente. Iosef comienza a posicionarse en casa del oficial egipcio. RaSHI indica que al adquirir poder, Iosef comenzó a entregarse a los placeres corporales. Comezó a degustar manjares, a beber y a arreglarse el pelo, algo que ya le gustaba hacer de más joven (véase comentario de RaSHI a 39, 6). Alguién en el oído le habrá susurrado un Hakuna matata, e Iosef comienza a rehacer y reencarrilar su vida. Rápidamente se transforma en la mano derecha de Potifar y éste lo deja a cargo de su casa.

Un día, Potifar dejó su casa e Iosef permaneció en ella junto a la mujer del oficial. Ésta, atraída por la presencia del joven hebreo, decide seducirlo y le suplica que se acueste con ella.

Posiblemente ése sea el punto de inflexión en la historia de Iosef. Dice el Talmud en el tratado de Sotá (36b):

En ese momento se le "apareció" el rostro de su padre Iaakov reflejado en la ventana. Le dijo: "Iosef, tus hermanos –y tú entre ellos- serán inscriptos en un futuro sobre las fiedras del efod. ¿Quisieras que tu nombre sea borrado de allí?

Este midrash también recuerda una escena de "El rey león":

Simba aun sentía culpa por la muerte de su padre. No obstante Nala –aquella leona amiga de su infancia- intenta convencerlo para que regrese a su reino. Simba se niega rotundamente.

Rafiki, un mandril sabio, dice a Simba que Mufasa aun está "vivo" y lo lleva a un lago aledaño. Frente a ese espejo de agua, Simba ve reflejado el rostro de su padre Mufasa quien lo intima a recobrar el cetro perdido en manos de Scar. "Simba, me has olvidado", dice Mufasa. "Olvidaste quién eres y así me olvidaste a mí". En dicho punto, Simba comprende que  no puede más huir de su pasado y comprende cuál es la auténtica razón de su vida.

Iosef reacciona de manera similar ante el acoso de la mujer. De manera concisa y tajante, Iosef le explicará el por qué de su negativa:

"He aquí mi señor no sabe conmigo lo que en la casa hay, y todo lo que hay en ella entregó en mi mano. No hay más importante que yo en esta casa, y no vedó de mí ninguna cosa, salvo a tí, porque eres tú eres su mujer. ¿Y cómo podría haría esta gran maldad, pecando ante Di-s?" (Bereshit 39, 8-9). 

Hubiéramos esperado que Iosef haga hincapié sobre lo inmoral de su propuesta, o ponga el acento sobre su depravación moral. No obstante, contra lo esperado, Iosef hace hincapié en que su propuesta lo llevaría a la transgresión ante Di-s.

¡Es formidable! Frente a esta mujer adúltera que desea engañar a su marido y ha barrido con toda barrera moral, Iosef se detiene...¡y le habla de teología! El haber visto el rostro de su padre, le recordó también a Iosef cuál era el propósito de su vida. Frente a esa mujer, Iosef redescubre sus raíces y demuestra que cuando éstas son profundas ningún viento –por fuerte que sea- podrá arrancarlas de su lugar.

Pero sobre todo Iosef entiende –al igual que Simba en "El rey león"- que el pasado es parte constitutiva de nuestra existencia y que no se puede huir de él. Hakuna Matata es una filosofía simpática. Sin embargo, reniega del pasado; invita a vivir nada más que el efímero presente.

Iosef comprende súbitamente que del pasado se aprende; se construye un nuevo camino sobre las fallas, los tropiezos y los desaciertos del ayer. Aquel Iosef que pasó sus primeros años concentrado en sus propios sueños, comienza a ocuparse de los sueños de los demás. Y lo hace con el Di-s de su padre Iaakov en mente y en su boca.

Éso es lo que ocurre cuando se logra reconocer nuestras raíces y entender el propósito de la propia existencia. Frente a aquella mujer, Iosef logró volver a ser lo que siempre fue: el hijo de Iaakov Avinu.



domingo, noviembre 18, 2018

Parashat VaIshlaj

Pragmatismo

Una de las instituciones centrales en la sinagoga desde los tiempos de Ezra y hasta los tiempos de JaZaL era el meturgueman, quien se ubicaba junto al lector de la Torá y traducía uno por uno los versículos bíblicos.

El arameo fue por varios siglos el idioma dominante en el Medio Oriente, y la Tierra de Israel no fue la excepción. Es por eso que la lectura ritual de la Torá y las Haftarot requerían de una traducción al idioma utilizado por las masas.

Gran parte del Talmud está redactado en idioma arameo y la liturgia judía contiene destacadas oraciones en dicha lengua. El Kadish, el Kol Nidrei y el Ha-Lajma Ha-Ania  en la Hagadá de Pesaj son solo tres ejemplos.

No obstante, JaZaL ofrecen en la mishná un listado de pasajes bíblicos que deben ser leídos sin traducción (Mishná Meguilá 4, 10 y la guemará a continuación). Se trata, sin excepción, de pasajes problemáticos que pueden ser malinterpretados por la congregación, o bien presentan a nuestros antepasados de manera desfavorable. Entre ellos se menciona –por ejemplo- el pasaje de Reuvén y Bilha, concubina de Iaakov (Bereshit 35, 22) o el episodio de Amnón y Tamar, en el libro de Shmuel (Shmuel II 13).

Llama la atención que entre dichos episodios "censurados" por nuestros Sabios no se mencione el episodio de Diná que es mencionado en nuestra Parashá; este episodio presenta a Leví y a Shimón de manera poco halagüeña. Por lo visto, JazaL entendieron que dicha historia contiene un mensaje que debe ser leído, traducido –y sobre todas las cosas- comprendido.

Dina fue la única hija mujer de Iaakov y su mujer Leá. Luego de haber permanecido por largos años en lo de Laván el arameo, nos cuenta la Torá que Iaakov vuelve a establecerse en la tierra de Cnaan.

Un día, Dina salió de su hogar y Shjem ben Jamor el jiveo, uno de los hombres fuertes de la región, raptó a la joven, la violó y la humilló. Luego, quedó perdidamente enamorado de ella.

Shjem solicita a su padre Jamor que intervenga para tomar a Dina como esposa. Mientras tanto Iaakov ya había escuchado acerca de lo sucedido y –atónito- no sabe como reaccionar.

Jamor, el padre del violador, sorprende a todos con sus capacidades diplomáticas. Propone a Iaakov y a sus hijos un acuerdo.

"Y habló Jamor con ellos diciendo: Shjem, mi hijo, desea con toda su alma a vuestra hija; dadla ahora a él por mujer y emparentad con nosotros; vuestra hijas daréis a nosotros y a nuestras hijas tomaréis vosotros" (Bereshit 34, 8).

Jamor quiere seducir a Iaakov y a sus hijos. Sabía que les estaba proponiendo sellar un pacto atractivo. Además les proponía tomar posesión de la tierra.

Sin embargo, los hijos de Iaakov tenían planes diferentes. Ellos le respondieron que sólo podrían avanzar con el pacto si los hijos de Jamor aceptaran circuncidarse. Para sorpresa del lector –y posiblemente para sorpresa de los hijos de Iaakov- los hijos de Jamor conceden a su pedido y convencen a todos sus hombres a practicarse la intervención.

Al cabo de tres días, cuando éstos aún estaban doloridos, Shimón y Leví liberan a Dina en un operativo relámpago, pasando por la espada a Jamor, a Shjem y a todos sus hombres.

El intercambio entre Iaakov y sus dos hijos al final del capítulo se asemeja a una charla entre sordos. Mientras Iaakov les dice: "Me turbasteis para hacerme aborrecible entre los moradores de la tierra" (Bereshit 34, 30) , éstos se justifican diciendo: "¿Acaso como prostituta hará a nuestra hermana?" (34, 31).

Iaakov reprende a Shimón y a Leví no porque ellos hayan llevado adelante una represalia ilegítima e injusta, sino por el miedo a que su accionar despierte acciones en su contra.

Iaakov es un pragmático y ello debe saberse. Es por éso que nuestros Sabios no han agregado este pasaje a la lista de historias "censuradas". Dicho pragmatismo debe leerse, traducirse y comprenderse.

Porque en el Medio Oriente, tanto hoy como ayer, no alcanza con tener la razón...También hay que ser inteligente.


martes, noviembre 06, 2018

Parashat Toldot

Decepción paterna

Parashat Toldot relata en sus primeras lineas el nacimiento de Iaakov y Esav.

El embarazo de nuestra matriarca Rivká –de acuerdo a la Torá- no fue sencillo. Los mellizos pelearon en el vientre materno durante gran parte de la gestación.

El nacimiento –finalmente- generó una dinámica familiar particular: Itzjak Avinu se liga afectivamente a Esav –el mayor de los hermanos- mientras que Rivká muestra una marcada preferencia por Iaakov.

"Y quiso Itzjak a Esav, pues caza (había) en su boca; y Rivká quiere a Iaakov" (Bereshit 25, 28)

Rabí Ishaia Haleví Hurvitz  explica este versículo de manera sumamente original:

El amor de Itzjak hacia Esav dependía de un factor externo. Nuestros sabios dicen al respecto: ‘El amor interesado fenece cuando el interés ya no existe’ (Avot 5, 17). Cuando desaparece la razón del amor, éste muere y se transforma en parte constitutiva del pasado.

Por ello, la Torá dice: ‘Y quiso Itzjak a Esav’. Habla en tiempo pasado porque este amor dependía de la caza que había en su boca; era un amor pasajero y momentáneo.

Frente a ésto, el amor de Rivká a Iaakov nunca murió porque no dependía de causa alguna. Por ello, está escrito en tiempo presente: ‘Y Rivká quiere a Iaakov’. Ella quiere a Iaakov en todo momento, porque su amor no depende de factores materiales. Un amor independiente de intereses externos, dura hasta la eternidad.

...

Existe un episodio en la biografía de Esav que suele pasarse por alto cuando se analiza el vínculo de éste con sus padres y hermano. Hacia el final del capítulo 26 del libro de Bereshit, nos cuenta la Torá:

"Y era Esav de edad de cuarenta años y tomó por mujer a Iehudit hija de Beri el jiteo, y a Basmat hija de Eilon el jiteo. Y fueron pesadumbre para Itzjak y para Rivká" (Bereshit 26, 34-35).

Resulta imposible comprender en profundidad el episodio narrado a continuación –la bendición de Itzjak a Iaakov- si no se toman en cuenta estos dos versículos.

Cuando Itzjak se dispone a bendecir a Esav, su predisposición era negativa. Las mujeres elegidas por Esav –al decir de Rabí Ishaia Haleví Hurvitz- fueron el punto en el cual el amor de Itzjak hacia su hijo feneció. Su decepción fue suprema.

Habitualmente, cuando se analiza el célebre ardid de Iaakov al recibir la bendición paterna- solemos imaginar a Itzjak como un frágil anciano ciego engañado por su hijo.

La historia es conocida. Rivká, sabiendo que Itzjak se aprontaba a bendecir a Esav, propone a Iaakov una artimaña: vestir una piel de cabrito para aparentar ser su hermano y tomar la bendición de Iztjak.

Itzjak entiende rapidamente que algo extraño ocurre ante sus deteriorados ojos. Decide pues pesquisar a Iaakov, utilizando los restantes sentidos que funcionaban corecctamente.  

El Gaón Rabí Ionatan Eibshitz de Praga solía decir:

Cuando un hombre pierde la visión, debe explotar al máximo sus cuatro sentidos restantes para compensar su carencia.

Sobre Itzjak Avinu leemos: ‘y oscureciéronse sus ojos de ver’ (Bereshit 27, 1). Y dado que había perdido la visión, incrementó el accionar de sus restantes sentidos para reconocer con sus manos a su hijo Esav. Primeramente obró a través del tacto diciendo: ‘Acércate, por favor, y te palparé, mi hijo’(Bereshit 27, 21). Luego puso atención en su oído y dijo: ‘La voz es la voz de Iaakov’ (Bereshit 27, 22). En tercer lugar se ayudó con su gusto mientras decía: ‘Acerca a mí y comeré’(Bereshit 27, 25). Por último, utilizó su olfato: ‘y olió el olor de sus vestidos’ (Bereshit 27, 27).

Hoy día, se sabe que los no videntes desarrollan capacidades auditivas, táctiles e  intuitivas en un grado muy superior a las personas videntes. Un no vidente puede palpar una moneda y reconocer su valor.

¿Cómo pensar realmente que Iaakov logró engañar a Iztjak?
¿Acaso una persona ciega no sabe que la piel de cabrito tiene otra textura que la piel y el pelo humano?

Hoy día se sabe que una persona no-vidente no necesita apreciar los colores para distinguir entre el sabor de un vino blanco semi-seco y el de un vino tinto cabernet sauvignon...

¿Cómo creer que Itzjak no pudo distinguir entre el sabor de la comida que solía prepararle Esav, de la comida que sirvió Iaakov preparada por Rivká?

Resulta inimaginable creer que Iaakov logró engañar a su padre.
Itzjak, a mi humilde opinión, sabía quién estaba parado delante suyo y –a raíz de decepción sufrida al ver las mujeres escogidas por Esav - decide bendecir al más joven de los mellizos.

Esav es el primero de los descendientes de Abraham, que toma mujeres cnaanitas como esposas. No sólo su padre, Itzjak, miraba de mal modo esta elección. Leímos en Parashat Jaiei Sará que Abraham Avinu advirtió a su siervo Eliezer de no tomar mujer para Itzjak de la hija del cnaanita enviandolo a Aram Naaraim (ver Bereshit 24, 3-4). 

Al inicio del capítulo veintiocho, Itzjak sellará su bendición a Iaakov, enviándolo a Padán Aram y advirtiéndole también a él de no tomar mujeres cnaanitas. El viaje a casa de Betuel también lo pondría a salvo de la venganza y de la espada de su hermano.

Esav, al escuchar el consejo paterno, y viendo que las cnaanitas eran malas a ojos de su padre, decide enmendar su elección tomando a Majalat hija de Ishmael como esposa (Bereshit 28, 9).

Lo cual demuestra que Esav no solo era apresurado para elegir, sino también lento para reaccionar...

miércoles, octubre 31, 2018

Parashat Jaiei Sara

Mira quién corre....

El capítulo veinticuatro de Sefer Bereshit nos relata el viaje de Eliezer hacia la tierra de Abraham en busca de una mujer para Itzjak.

Dijo Abraham a Eliezer, su siervo: ‘No tomes mujer para mi hijo, de las hijas del cananita...sino que a mi tierra y a mi parentela irás y tomarás mujer para mi hijo’ (Bereshit 24, 3-4).

Al llegar Eliezer al final de su camino, la Torá nos muestra a tres personajes diferentes que corren para cumplir con su cometido.

El primero de ellos es el propio Eliezer, quien corre al encuentro de Rivka para asegurarse de haber encontrado a la mujer indicada para el hijo de su señor (Bereshit 24, 17). La segunda que corre en este capítulo es nuestra matriarca Rivka quien se apresura para anunciar en casa de su madre la llegada de Eliezer y su pedido de hospedaje (Bereshit 24, 28). El tercero es Laban, hermano de Rivká, quien corre hacia Eliezer obnubilado por el aro y las alhajas que este estaba trayendo (Bereshit 24, 29).

Todos tuvieron idéntica reacción; sin embargo podemos ver que el móvil fue diferente en cada uno de los casos. Están quienes corren -como Eliezer- cuando advierten que la descendencia de Abraham corre peligro; cuando observan que la promesa divina de multiplicar a Su pueblo está condicionada por factores externos. Son los que corren y ‘se juegan’ por el destino del pueblo judío.

Están quienes corren -como Rivká- para cumplir una ‘mitzvá’; para transformar a su vida en entrega y compromiso por la suerte de aquellos que no tienen dónde dormir o qué comer. Por último, están quienes sólo corren -como Labán- trás el dinero y el brillo del oro; quienes llevan adelante una existencia mediocre y vacía de toda espiritualidad. Si ves a alguno corriendo por la vida no des importancia a la rapidez de sus piernas; miralo a los ojos y sabrás el por qué de su apuro.

Sabrás si su urgencia tiene que ver con la entrega de Eliezer y Rivká o con la miseria de Laván.

sábado, octubre 27, 2018

Parashat VaIerá

Espejismos de Justicia

Rabino Gustavo Surazski

Esta semana leemos en la Torá acerca de la destrucción de Sedom y Amorá.

Al hablar de estas ciudades, solemos pensar que en estos lugares la justicia estaba ausente. Y no es cierto. Eran ciudades con muchas leyes, y la gente no le daba la espalda a SU LEY....

¿Qué es entonces lo que enojaba tanto a Dios? ¿Por qué destruir dos ciudades con gente tan obediente?

Se nos cuenta, por ejemplo, que había una ley en Sedom que prohibía darle pan a la gente pobre. Aquel que diera pan a los pobres sería quemado en el fuego. Cuando un pobre se allegaba a ellos, no le daban pan sino tan sólo monedas...y cada uno escribía su nombre sobre ella. Cuando el pobre moría, cada uno venía y recuperaba su moneda.

Sedom era un lugar muy "civilizado"…pero faltaba el temor a Dios. Y sin temor a Dios, poco sentido tenían las leyes...

Cuando leo la historia de Sedom y Amorá me viene a la mente lo que varias generaciones más tarde ocurrirá en la tierra de Egipto.

La Torá nos cuenta que cuando los hijos de Israel descendieron a Egipto, el faraón de Egipto los ubicó en la tierra de Goshen, en los suburbios del imperio.

¿Por qué fueron los hebreos a habitar ese lugar tan alejado?
La Torá nos dice: Ki Toavat Mitzraim Kol Roé Tzon (Bereshit 46, 34).
Los pastores de ovejas eran una abominación para los egipcios.

Abraham Ibn Ezra explica que los egipcios eran por entonces vegetarianos y no iban a permitir de ninguna manera que un hombre coma carne en su entorno.

Los hijos de Israel eran apreciados en Egipto…Su ocupación no tanto.
Para los Egiptos era abominable que un hombre juegue con la vida de un animal.

Unas cuantas décadas después, esos mismos egipcios que amaban tanto a los animales estaban arrojando a los niños hebreos al Nilo.

Eso no era abominable…

Cuando leía este comentario de Ibn Ezra vino a mi mente la imagen del nazismo.
Una de las más grande paradojas de la historia es que el régimen nazi fue uno de los precursores de las políticas de estado a favor de la ecología y del medio ambiente.

En 1933 el nazismo aprueba la Ley de Protección de los Animales.
Un año después se aprueba la Ley del Reich de la Caza
y en 1935 entrará en vigor la Ley de Protección de la Naturaleza.

El mundo aun no sabía que debía aprobar una Ley de Protección contra el Nazismo, ignorando que ese régimen tan proclive al amor por la naturaleza protagonizaría el capítulo más funesto en la historia de la humanidad.

Lastimar la naturaleza era abominable…Las cámaras de gas no….

El Rabino Yissocher Frand explica esta idea a través de un ejemplo bien gráfico.

El respeto a las leyes no siempre asegura armonía social.

En plena Noche de los Cristales Rotos en la Alemania nazi, un niño ingresó corriendo a su jeder y a los gritos informó al Rabino que su casa se estaba incendiando.

El Rabino salió corriendo del aula y telefoneó al Departamento de Bomberos para informar del incendio.

‘No podemos hacer nada’, le dijo el Jefe de Bomberos. ‘Apagar ESE incendio es ilegal’.

Alemania seguía siendo un país de leyes, como siempre. Ocurría que por entonces era ILEGAL apagar incendios en casas de judíos.

Bajo ese aspecto, en la Alemania de Hitler ocurría lo mismo que en Sedom: La gente respetaba las leyes a rajatabla. Pero sin temor a Dios, las leyes no sirven para nada.

Tal vez sea por eso que Dios dice a Abraham al cabo de las diez pruebas a la que fuera sometido (Bereshit 22, 12): ‘Ahora sé que eres temeroso de Di-s’.

¿Por qué Dios elige esa expresión?
¿Por que no decirle: ‘Ahora se que eres obediente’ o ‘Ahora conozco tu sumisión’?

Posiblemente, porque hay mucha gente obediente y sumisa en el mundo, pero obedece y se somete ante estos espejismos de justicia.

Existe mucha gente obediente y sumisa en el mundo, pero obedece y se somete ante estos espejismos de justicia.

La gente de Sedom era obediente, la de Egipto denostaba a los pastores, la gente de Hitler era sumisa...

Pero lo de Abraham era diferente.
Abraham fue el primero en ser temeroso del Cielo.