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jueves, junio 14, 2018

Parashat Koraj 5778

De esclavos a millennials

No siempre existe consenso entre los comentaristas acerca del orden cronológico de los eventos acontecidos en la Torá.

Una de estas disputas clásicas, está referida a Parashat Koraj, dado que nuestra  Parashá no especifica la fecha de la revuelta emprendida contra Moshé y Aharón.

Según Ibn Ezra, la rebelión de Koraj aconteció inmediatamente después del pecado del becerro, "cuando los primogénitos fueron reemplazados y los levitas diferenciados (del resto de las tribus)" (Ibn Ezra, comentario a BeMidvar 16, 1).

Otros -como el RaMbaN- sostienen que este episodio aconteció "en el desierto de Parán, en Kadesh Barnea, luego del suceso de los espías" (RaMbaN, comentario a BeMidvar 16, 1).

La lógica de Ibn Ezra y del RaMbaN es diferente.

Ibn Ezra hace hincapié en la naturaleza de la revolución de Koraj. Dado que esta fue una disputa encabezada por levitas (Koraj) y reuvenitas (Datán y Aviram) –Reuvén fue el hijo primogénito de Iaakov Avinu- es lógico pensar que esto haya ocurrido al modificarse las jerarquías de los hijos de Israel. Si los primogénitos dejaban de ser los elegidos del pueblo...¿quién debiera reemplazarlos? ¿Los levitas -que no pecaron con el becerro- o acaso la tribu primogénita de Iaakov?

El RaMbaN, por su parte, hace hincapié en la naturaleza de la reacción divina. Algo cambia en la acitud de Dios después del pecado de los espías. Despúes de haber decretado los cuarenta años en el desierto, Dios finalmente entiende la naturaleza de la generación de desierto, un pueblo de corazón extraviado, desconocedores de Su senda (ver Tehilim 95, 10). Su paciencia se acabó y no deja lugar a dobles interpretaciones. El que no cree en la elección de la tribu de Leví, en la profecía de Moshé y en el sacerdocio de Aharón, no cree en Dios. El modelo parental de Dios cambia de la raíz. Dios pone límites y el maltrato de aquella generación hacia Dios, recibe respuestas inequívocas.

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Escuché hace unas semanas una disertación del escritor anglo-americano Simón Sinek acerca de la generación "Y", o generación del milenio (millennials).

Se suele definir así a aquellos adultos jóvenes nacidos a partir de la primera mitad de los ochenta y hacia el final de los noventa. Según Sinek, se trata de una generación con una alta dósis de narcisimo y egocentrismo. Muchos de sus miembros tienen tendencias depresivas y poseen baja autoestima. Sinek entiende que esto ocurre como consecuencia del contexto y la forma en la que esta generación fue criada. Sus padres les eneseñaron que eran especiales y que todo lo que se propongan lo irían a conseguir con sólo quererlo. Pero, al entrar en el mundo laboral, se dan contra la pared y la  autoestima se les va al piso.

Algunos de los millennials fueron recibidos en clases avanzadas no porque lo merecieran, sino porque sus padres fueron a rogarle al director. Otros recibieron buenas notas, sólo porque los maestros no se quisieron enfrentar con los padres. Hay niños que recibieron medallas aun cuando llegaron últimos en una competencia.

Estos jóvenes –dice Sinek- se graduaron, salen al mercado laboral e inmediatamente comprenden que no son tan especiales como creían, que sus madres no podrán conseguirles el ansiado ascenso, que en la vida real nadie les dará una medalla por llegar últimos, y que nada se  puede conseguir con solo quererlo.  Como si esto no fuera poco, haber crecido en el apogeo de la Era de la Información -donde la conexión constante es moneda corriente- ha transformado a los millennials en seres especialmente impacientes. 

Resulta interesante analizar la cantidad de coincidencias que existen entre la generación "Y" y la generación del desierto. De esclavos, aquella generación pasó a ser -en un abrir y cerrar de ojos- una generación de millennials.

La conducta de aquella generación se puede también explicar a la luz del contexto en el cual fue criada por la mano divina. Dios los rescata de Egipto, los hace sentir especiales y los rodea de milagros y regalos celestiales. El mán les vino del cielo, el pozo de Miriam los acompañó y les proveyó agua. Sin embargo, de tantos milagros que recibieron, no pudieron apreciar ninguno. Y aquella generación, por obra de este contexto, se transformaría en rebelde,  impaciente y se creerá merecedora de todo...como la generación de los millennials.

Dios educará a la generación siguiente de manera distinta. Estudiarán la Torá durante la travesía del desierto y comprenderán que Dios da y exige en idéntica medida. Asimilarán que la elección del pueblo conlleva responsabilidad, no beneficios. Que en la tierra prometida el cielo dará lluvias y la tierra dará frutos, solo por merecimiento. Nadie les dará medallas por salir últimos. En la tierra prometida habrá una dosis mayor de esfuerzo y una dosis menor de milagros.

El RaMbaN apunta a esto cuando ubica a la revuelta de Koraj después del pecado de los espías. El cambio se ha iniciado. Evidentemente, Dios también aprende a ser Padre.